Un viaje por el azul

Una de las cosas que más me gusta hacer con mis alumnos es viajar de forma salteada por la historia del arte. Lo hacemos creando una especie de carreteras mentales, que nos permiten unir puntos que desde una visión más clásica, que aborda la creación por orden cronológico, no será posible.

Hoy quiero que recorras una de esas carreteras que nos inventamos, en este caso una trazada para que hagamos un viaje por el color azul, para que hagas un viaje muy cortito por cuatro obras que no tendrían aparentemente ninguna relación si la viésemos de otra forma.

El único objetivo es disfrutar durante unos minutos.

¿Me acompañas?

El azul del fondo

Retrato de Enrique VIII de Inglaterra. Hans Holbein el Joven. h. 1537. Museo Thyssen-Bornemisza.

Uno de los grandes retratistas, Hans Holbein, recreaba a los personajes sobre fondos monocromos pero no planos, para resaltar el punto de interés de la obra: la figura.

En este retrato de Enrique VIII que se conserva en el Museo Thyssen – Bornemisza podemos ver cómo ese fondo azul sobre el que se recorta la figura del monarca, contribuye a resaltar ese aspecto monumental y robusto que nos puede recordar a una escultura.

Fíjate además, cómo el azul hace destacar los elementos dorados del atuendo del personaje, que parecen brillar más, así como su piel, en la que podemos apreciar leves rojeces en las mejillas.

El azul como forma y estructura.

Composición con plano grande de azul, rojo, negro amarillo y gris. Pietr Mondrian. 1921. Museo de Arte de Dallas.

Mondrian pertenece a una corriente de principios del siglo XX denominada como De Stijl o Neoplasticismo. Tanto él como otros artistas, se sumergieron en la abstracción como una forma de buscar la esencia de la realidad y de los principios universales.

En estas series que son tan conocidas, la preocupación por el color, la línea y la forma (elementos primarios de la pintura), lleva a Mondrian a emplearlos de una forma que él consideraba pura:

  • Las líneas rectas, sin curvas y continuas.
  • El color puro, sin matizar, creando esas superficies tan intensas.

Fíjate en la diferencia con la obra anterior, en la que el azul de Holbein, que parecía plano, no lo es tanto, si lo comparamos con este de Mondrian.

Puede que te resulte chocante mirar con detenimiento esta obra, pero verás que, a pesar de emplear colores tan fuertes y puros, y a pesar de que esa matriz de paralelas y perpendiculares no genera una cuadrícula regular, la composición de la obra está perfectamente equilibrada.

El Reina Sofía le está dedicando una muestra que analizaremos en el segundo trimestre de nuestro curso Conocer Madrid.

El azul como convención

Madonna del Prado. Rafael Sanzio. 1505-06. Museo de la Historia del Arte de Viena.

La pintura en Occidente y, particularmente en ciertas ramas del Cristianismo, ha servido como vehículo para comunicar la doctrina y canalizar la Fe. Para lograrlo, ha empleado convenciones y normas de representación, que ayuden a identificar historias y personajes.

El caso de la virgen, con su túnica roja / granate y su manto azul, es uno de los ejemplos más reconocibles.

Además, para contribuir a la importancia que se otorga a estas representaciones, en el proceso de fabricación de estas imágenes se reservaba también un lugar especial para que los materiales empleados fueran los mejores, como es el caso de los pigmentos utilizados (puedes leer sobre la historia del azul de Acre aquí).

En este ejemplo de Rafael, conservado en el Museo de Historia del Arte de Viena, podemos ver la aplicación de este esquema de colores que, junto con la introducción de otros elementos iconográficos, nos ayudan a comprender lo que estamos viendo (siempre que conozcamos los códigos de antemano).

No dejes de fijarte en la sensación que te transmite la obra a través de las expresiones de sus protagonistas, esa calma y bienestar a la que contribuye el paisaje en el que se enmarca la escena.

El azul como centro

Linea Azul. Georgia O’Keeffe. 1919. Museo Georgia O’Keeffe en Santa Fe.

Las obras de Georgia O’Keeffe navegan entre la figuración y la abstracción, de una forma en la que hace que nuestra propia mirada deambule por los lienzos de una manera fluida, en la que nos preguntamos si lo que vemos son pedazos de la naturaleza o campos de color que juegan con nuestra percepción.

Fíjate aquí como el azul actúa en el centro de la obra, prácticamente fracturándola por la mitad, como un vórtice en el que podríamos hundirnos, pero que sin embargo parece mantener en pie las líneas y campos degradados de color que se encuentran a su alrededor.

Te invito a contemplar durante unos segundos, con tranquilidad, la superficie de la obra. Observa cómo en ese degradado aparentemente grisáceo, podrás encontrar azules, verdes y rosas, fundidos entre sí, con pliegues formados por líneas más o menos evidentes.

La obra se conserva en el Museo de Georgia O’Keeffe de Santa Fe.

Tu propia red de carreteras

Espero que este viaje por el azul te haya servido para desconectar unos minutos de la rutina. ¿Sabes que puedes crearte tu propia carretera mental por el arte?

  • Elige cualquier color, tema, detalle o elemento que te llame la atención.
  • Prueba a buscar obras al azar que lo contengan y selecciona varias, sin prestar aún atención a si te atraen o no.
  • Contémplalas de una en una, intentando fijarte con detenimiento en los detalles.
  • Compáralas entre sí y piensa en las similitudes y diferencias entre ambas.

¡Enhorabuena! Has creado tu primera carretera mental y has experimentado la contemplación del arte más allá del orden cronológico por épocas, estilos y escuelas tradicional.

¿Te gustaría que compartiéramos más artículos de este estilo, con sugerencias para recorrer distintas obras? ¡Déjanos un comentario!

6 comentarios en “Un viaje por el azul”

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